Mis puntos de escape se han oscurecido contigo y el amor por estos días tiene cierto sabor amargo.
La incertidumbre alimenta mi caminar y en un acto exagerado de hipocresía me levanto y le niego al cielo lo que siento por ti, le niego a tu sonrisa los múltiples deseos que aparecen en mi mente al verla, le niego a tu voz las ansias de escucharla, le niego a tus ojos el insomnio que me producen.
Hoy no puedo cantar, no puedo callar, no puedo gritar ni reír. Solo puedo dibujarte en mi mirada perdida haciendo mil maromas con mi ser.
Y aquí me tienes sentada en una nube oscura que amenaza con unirse a la tormenta, acá estoy, junto a ti, esperando una señal para seguir armando cuentos.
Hoy todo se reduce a tu nombre y solo me queda odiarme con unas fuerzas más débiles que las que tengo para quererte. Me queda odiarte a ti; odiarte dulcemente, dándote protagonismo en mis noches de fríos silencios y soledades alegres.
Y aquí me tienes sentada en una nube oscura que amenaza con unirse a la tormenta, acá estoy, junto a ti, esperando una señal para seguir armando cuentos.
Hoy todo se reduce a tu nombre y solo me queda odiarme con unas fuerzas más débiles que las que tengo para quererte. Me queda odiarte a ti; odiarte dulcemente, dándote protagonismo en mis noches de fríos silencios y soledades alegres.