Confusión es la única palabra que pasa por mi mente ahora.
Al tener la laguna de Guatavita enfrente, un paisaje indescriptible, completamente hermoso, una cerveza, un cigarrillo y mi fiel amante, la luna; siento que estoy en una historia completamente inefable. Donde a veces soy la antagonista y a veces, solo a veces la que logra derrotar a todos los villanos. ¿Heroína? Tal vez. Quién sabe. Solo necesito mi agendita y un lápiz. La inspiración siempre la he tenido, todo el mundo la tiene, así sea insignificante a la vista. Y aunque no escriba bien, todo va dirigido a la misma persona.
Tengo en mi iPod al máximo volumen con algo de Ray Charles, siempre estoy de buen humor cuando lo escucho, saca a esa loca por el Jazz que llevo dentro, esa loca que siempre quiere estar bailando, esa que se esconde bajo unas cuantas lágrimas.
Es increíble como una canción puede hacerme sentir tantas cosas, como un artista puede crear tal frenesí. Y estoy segura que no soy la única que ha sentido la melodía entrar a su cabeza, alborotar todos los sentidos y luego, bueno... quedarse ahí un buen tiempo. Horas, días y hasta semanas.
Janis Joplin, Silvio Rodriguez, Sigur Rós, Laura Marling, Astor Piazzolla y hasta Haggard, han estado en mi cabeza toda la noche y me importa poco o nada si me rompo los tímpanos con tanto volumen. Me encanta. Así es que es.
''Mariana la sorda'' por culpa de sus audífonos y su terquedad. Eso dice mi mamá.
No es terquedad, es un escape.
La verdad no quiero hablar de temas que me hagan sentir mal de nuevo. Ahora soy solo yo.
Ya me cansé de la máscara, me cansé de sonreír todo el tiempo, de fingir que todo está bien cuando no lo está. Quiero volver a Manizales. :(
Quiero acostarme sobre un prado, tendida cual muerto a contemplar las estrellas (de nuevo), pero esta vez poder tomar la mano de alguien en quien pueda confiar, dormir mientras la luna nos arrulla y los mosquitos nos pican.
Saltar al ritmo de Sex pistols, The Ramones, P.O.D, System of a down, Franz Ferdinand, sin que nada más importe. Sin que exista ninguna puta excusa para disfrutar esa música. Esa música que mi mamá detesta y mi hermana ignora. ¡Pendejas!
Dejar que me invada la música, solo eso. Bueno, también un hombre. Él.
Que invada cada uno de los rincones de mi cuerpo, que recorra mi alma, que deje su perfume impregnado en mi piel, un rasguño, un mordisco, que sus besos me enloquezcan, sus brazos me protejan y que su mirada me haga pecar.
Al fin y al cabo para eso estamos acá, para pecar. ¿Y qué mejor pecado que la lujuria?
Me leyera mi abuelita, estaría desheredándome. ¡Jajaja! -¡Mijiiiiiitaaa!-
Entonces llega Calamaro con una de sus canciones y ¡PUM! directo a la yugular. Te luciste Andrés Calamaro, te luciste. Lograste bajonearme de una. Recuérdenme que tengo que hacer a un lado esa manía de dejar que una pinche canción me afecte tanto. ¡TENGO QUÉ!
La conclusión y aunque ya todo el mundo la sabe: sin música no puedo vivir. Ese es mi opio, ese y otros que no pienso mencionar.
Si voy a pasar el resto de mi vida a tu lado, que sea en una estrella. En donde podamos contar humanos, en donde podamos disfrutar nuestro amor.
Mariana Domínguez Maus.
Nov -16 -2011
(Valeria Durán. 18 Ene 2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario